
Mientras el termómetro seguía al rojo vivo, Shun y Vanexa sólo pensaban en hacer las maletas y marcharse, junto al resto de la familia, de aquel piso kitsch y barroco rumbo a una playa paradisíaca en la que poder tostarse al sol y darse un remojón que apagara sus sofocos internos. Siguieron a su madre hasta la terraza, intrigados por conocer la sorpresa que sus padres le habían preparado. Estaban convencidos, que tal como les habían comentado, las vacaciones de este año serían inolvidables.
“Hemos ido al Arcampo y hemos comprado todo lo necesario para pasar unas vacaciones estupendas sin tener que salir de casa”, afirmó la ama de casa de los Rufianes una vez que llegaron a la terraza, como si fuera la mejor de las noticias. Pero no obtuvo respuesta de ninguno de sus dos hijos, que no acababan de asimilar lo que veían: un montículo de arena, una pala y un rastrillo, una piscina de plástico que sólo servía para poner los pies en remojo y una sombrilla, seguramente la más hortera que había en toda la tienda. Adiós a los mojitos en la orilla de la playa…
“Se nota que nos os esperabais esta fantástica sorpresa, os habéis quedado sin palabras. Y aún hay una buena nueva más, ¡estas vacaciones las recordareis de por vida!” añadió Conchi. Mientras, sus vástagos seguían sin poder articular palabra y sin salir de su asombro. ¿Qué les quedaba aún por conocer? CONTINUARÁ...